EL G-8: LA RAPIÑA INSTITUCIONALIZADA

Como ya suponíamos, en la última cumbre del G-8, los países más poderosos del mundo (Alemania, Canadá, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón Rusia y USA) volvieron a defraudar a miles de millones de habitantes de este planeta, que año tras año e ingenuamente, esperan la llegada de unas ayudas que nunca les beneficia a ellos, y la materialización de unas promesas de desarrollo, más cercanas al desembarco imperialista en estos países que a un verdadero deseo de solidaridad y cooperación de sacar a estos seres humanos de la miseria que los envuelve.    

 

Gleneagles, Escocia, fue el lugar escogido en esta ocasión para tal evento y como siempre, en un perímetro de varios kms. se instauró poco menos que un estado de sitio para evitar las masivas manifestaciones y actos de protesta contra el capitalismo y su hermano mayor, el imperialismo. Tras tres días de reuniones, de buen comer y beber, se emite un comunicado en el que poco mas o menos se dice que la pobreza, el hambre, el analfabetismo, etc son unas lacras sociales muy nocivas y que hay que combatirlas, ser solidarios e instaurar programas de desarrollo sostenible. Todos los años nos dicen lo mismo y, como decía una canción, la vida sigue igual. ¿Quién se cree esto?. ¿Quién se cree que los principales países capitalistas van a estar tres días reunidos aguantando el chaparrón de críticas y movilizaciones por todo el mundo para emitir semejante pamplina de comunicado?. La realidad es bien distinta.     Estos líderes mundiales, que no representan ni mucho menos lo deseos de la gran mayoría de sus pueblos, no son más que lacayos del capital, fieles servidores de los intereses de las grandes multinacionales y de los imperios financieros que en sus reuniones se reparten el gran pastel del mundo en forma de áreas de influencia política, económica y militar para la obtención de pingües beneficios empresariales. Y todo ello adornado cínicamente con mensajes institucionales cargados de buenas palabritas e intenciones que ya mucha gente comienzan a cuestionar.    

Parece ser que el tema central de su reunión fue Africa, para la que se anuncia una ayuda de 25.000 millones de dólares para el año 2010. Suponiendo que llegara (aún no lo han hecho las de otros años) lo haría después de haber muerto millones de personas  de hambre y enfermedades en estos cinco años, y luego está el problema de a quién se beneficia con ese dinero ya que éste va de gobierno a gobierno, muchos corruptos, o bien se destina a subvencionar a las empresas europeas o americanas allí instaladas. También se habló de ayudas para el desarrollo agrícola, sin embargo, no se hizo mención alguna a los subsidios que otorga la UE y USA a sus propios productos, perjudicando a los cultivadores africanos a la hora de poder exportar sus cosechas a occidente. Además, ofreció su apoyo a iniciativas para impulsar al sector privado, condicionando la ayuda económica al desarrollo del proceso de privatización de los sistemas productivos. ¿Quién aprovechará mejor la privatización en Africa que las empresas estadounidenses y europeas? El grupo de los ocho apela al chantaje abiertamente exigiendo la privatización y haciendo de ella la panacea universal contra la pobreza sin querer reconocer que los procesos de privatizaciones rápidos y sin limitaciones terminan arruinando y expoliando las economías (echemos un vistazo a los países del este de Europa, donde la pobreza y el desempleo han alcanzado cotas inimaginables hace 20 años).    

La receta para solucionar el problema del mundo árabe, según ellos, radica en la democratización y liberalización económica de estos países, lo cual resolvería las dificultades de esta zona y también las que éstas causan a occidente. Curiosamente, llevan 60 años intentando solucionar este problema de la misma forma y lo único que hacen es empeorar la situación, pues la democracia burguesa y la liberalización económica no son medicinas curativas contra estos problemas, son más bien calmantes pasajeros, en el mejor de los casos, que lo que realmente hacen es prolongar la enfermedad. Lo que hay que tener claro es que todo tipo de ayuda que esté catalizada por el sistema capitalista será inútil, como así se está demostrando una y otra vez pues su única razón de ser es la obtención de beneficios y no sacar a la humanidad de la miseria y el hambre.    

Así, a Palestina destinan una partida de 3.000 millones para conformar un gobierno “democrático”, la creación de infraestructuras, camino e instalaciones portuarias y aeroportuarias, así como a sufragar los gastos del general retirado USA William Ward como asesor sobre reestructura y mejora de los dispositivos de seguridad. Como podemos ver, estas son las demandas de influyentes compañías que hacen negocios en Medio Oriente y no las de un pueblo que padece la guerra, el hambre y la miseria.     De igual modo, recomiendan mejorar los procedimientos de gobierno, fortalecer el estado de derecho, combatir la corrupción, promover la igualdad de las mujeres y liberalizar los medios de comunicación, pero no deja de llamar la atención que tras estos consejos continúan elogiando a países como Marruecos, Jordania y Bahrein que no son precisamente modelos de democracia y derechos humanos pero sí aliados de occidente en la zona. Aún es más descarada la intención cuando, y cito textualmente “instamos a aumentar el progreso….incluyendo la inversión privada”, “creación de una sociedad de empresas privadas de Medio Oriente y América del Norte, el lanzamiento de un grupo de inversiones..”. Como podemos apreciar, no es la ayuda a los pueblos lo que les mueve sino hacerse con el control de estas economías.    

Tras postular “ayudas” similares para Sudamérica se abordó el tema del medio ambiente, cuestión ésta ante la que el gobierno USA no quiso saber nada negándose de nuevo a firmar el “protocolo de Kyoto”. Estados Unidos emite a la atmósfera la cuarta parte de los gases contaminantes del mundo, negándose a reducirlas  argumentando el perjuicio a su economía y, de paso, dejando ver cuales son sus prioridades. Pero no es el único. El resto de sus secuaces, entre ellos España, tampoco aportan demasiado, ya que, si bien es cierto que tienen una legislación sobre el tema, las penas no se corresponden con los delitos (una empresa por incumplir la ley obtiene grandes beneficios, puede pagar la multa y aún continúa con balance positivo).     Para terminar y,  a modo de epílogo, podemos sacar la siguiente conclusión: el capitalismo, se disfrace como se disfrace, siempre tendrá como objetivo la obtención de beneficios. Para cualquier estado que se apoye en la gran banca, las grandes multinacionales, latifundistas, inversores,etc, temas como el hambre, la pobreza, las enfermedades, la educación, el medio ambiente no son más que  temas secundarios que no les afecta a ellos directamente a menos que se den las condiciones para que puedan invertir y establecer sus empresas y rapiñar a sus anchas. Es aquí precisamente donde radica el problema. Después de décadas de intentos por salir de la miseria bajo el capitalismo, ningún sólo país del llamado Tercer Mundo lo ha logrado, es imposible ya que es en estos países subdesarrollados donde las contradicciones del capital son más visibles pues la búsqueda de mayores beneficios obliga a jornadas laborales de 18 horas, sueldos por debajo del nivel de pobreza, sin seguridad social ni cobertura médica, agresiones medioambientales,etc.    

Ante esta situación podemos comprender estas cifras: cada día mueren más de 30.000 niños de hambre, más de 100 millones viven en la calle, 250 millones de niños son obligados a trabajar, 1.200 millones viven con menos de 1$ al día, 2.400 millones con menos de 2,50 $; en 1982 el Tercer Mundo debía 780.000 millones $, en el 2001 ya eran 2 Billones $ y en el 2.004 se alcanzaron los 2 Billones 800.000 dólares. Si encima nos dicen que las 200 personas más ricas tienen casi la mitad de los ingresos del mundo, qué hacemos.    

Debemos tener claro que no existe salida a este problema bajo el capitalismo, es más, es consecuencia de él. Sólo bajo el socialismo está la solución. La nacionalización de la banca y de los medios de producción, siempre bajo control obrero, pondría a disposición del pueblo lo que hoy en día les es robado. La riqueza y el fruto de su trabajo serían para todos y no sólo para una camarilla gobernante y las multinacionales. La racionalización de la plusvalía del trabajo posibilitaría la creación de infraestructuras, hospitales, escuelas, viviendas y no la “deslocalización” de capitales o la especulación financiera, que son los auténticos puñales que laceran y sangran a los pueblos de este mundo.

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