Paro agrario en Colombia: La movilización de masas pone en jaque al Gobierno de Santos

paro-cafetero-colombia-afp-3 mediumConvocado por organizaciones agrarias y campesinas, el Paro Nacional Agrario y Popular ha despertado en las masas colombianas, nuevas y multitudinarias iniciativas de movilización y protesta. Paralización de un sinfín de carreteras del país, bloqueando varias ciudades importantes, los denominados “cacerolazos” en apoyo al Paro que se han desarrollado en las ciudades y los llamamientos a movilizarse en apoyo al paro del movimiento estudiantil, en lucha desde el año pasado por una ley de educación superior alternativa a la privatizadora y neoliberal que auspicia el gobierno de Santos.

 

En un contexto de empobrecimiento masivo de agricultores y productores de papa, café, arroz, cebolla, cilantro, cacao, entre otros; el alto costo de los insumos, abuso de los intermediarios comerciales (que se llevan más del 60% de la ganancia); el aumento masivo de las importaciones (Vía Tratados de Libre Comercio firmados antes por el gobierno Uribe y ahora por Santos con distintos países), revaluación del peso colombiano, entre otras razones, miles de campesinos han salido a manifestarse en casi todo el territorio nacional exigiendo soluciones a sus precarias condiciones de vida y trabajo.

Un paro imparable

En departamentos como Boyacá, Meta, Putumayo, Cundinamarca, Nariño, Risaralda, Arauca, Antioquia, Caldas, Santander, Caquetá, Cesar, Norte de Santander y Cauca, se ha despertado una oleada masiva de concentraciones campesinas, pequeños mineros e indígenas, que claman desesperadamente por soluciones reales a sus problemáticas. Estos sectores han unificado y hecho converger sus reivindicaciones.

El caso del campesinado lo ilustra muy bien Elizabeth Bonilla, adscrita al centro de investigación y desarrollo independiente “El campesino recibe menos del valor que gasta en su producción, sin embargo el consumidor final no percibe una disminución en el precio, todo se lo llevan las cadenas de intermediarios”. Los pequeños y medianos mineros exigen un código alternativo de minas, que los proteja de las multinacionales mineras. El movimiento indígena, a su vez, acaba de dar una majestuosa demostración de organización y solidaridad con su reciente entrada a Popayán. No se registraba una movilización tan masiva y con esa confianza y fuerza desde la Minga Indígena que obligó a retroceder al gobierno de Uribe y confluyó con las huelgas de los corteros de caña y trabajadores judiciales en una huelga general en octubre de 2008. Los indígenas llegaron arengando a favor de “la defensa de la madre Tierra y la derogación de los Tratados de Libre Comercio”.

Por primera vez convergen las necesidades de la mayoría de los habitantes del campo colombiano en un paro de carácter nacional. El movimiento engloba a una amplia gama de trabajadores agrícolas y conexos: cafeteros del Huila y del sur del Tolima, paperos, lecheros, cebolleros, cacaoteros, fruticultores, mineros artesanales, indígenas, comunidades afrodescendientes y camioneros, (estos últimos sumados por los altos precios de la gasolina, de los peajes en las vías y de los fletes en general).

Un dato interesante acerca de lo profundo del problema agrario en Colombia lo entrega la investigadora anteriormente citada Bonilla al examinar las cifras del Departamento Nacional de Estadística, Dane: “El país pasó de importar en 2006, 9.727 toneladas de leche y productos lácteos a 33.728 toneladas el año pasado (2012), un desmandado aumento de las importaciones”, indicador cierto del papel de los gobiernos de turno en la ruina del agro colombiano.

La respuesta del actual presidente es un clon de los anteriores: mentir a los campesinos y al pueblo, acusarlos de terroristas y tirarles encima al Ejército Nacional y al Escuadrón Móvil Antidisturbios, ESMAD. La represión ha sido brutal, con decenas de detenidos, pero lejos de frenar la lucha ha echado mas leña al fuego. En el momento de redactar este artículo había 96 detenidos y 86 policías y un número indeterminado de manifestantes heridos en enfrentamientos. Según distintos informes de prensa “unas 37 carreteras de nueve departamentos se mantienen bloqueadas en Colombia en el quinto día de huelga del sector agropecuario, entre ellas las que comunican a este país con el vecino Ecuador”. “El departamento con más afectación vuelve a ser el de Boyacá, en el centro del país, que presenta "cierre total" en doce de sus carreteras, que mantienen bloqueada la capital, Tunja, que empieza a sufrir desabastecimiento de alimentos y combustible”. “En Nariño y el Putumayo se mantienen bloqueados los pasos al vecino Ecuador a la altura de Ipiales y del Puente Internacional Santa Ana”. “También se presentan cortes en el departamento de Cundinamarca en puntos cercanos a Bogotá, la capital colombiana, que también empieza a notar los efectos de los bloqueos en su abastecimiento. En el sur de Bogotá, unos 600 campesinos bloquean la entrada de productos a la capital colombiana. Otro grupo de campesinos protagonizan obstrucciones intermitentes en la vía La Calera-Bogotá. Se presentan bloqueos también en los departamentos de Caldas y Risaralda (centro), Cauca (suroeste) y Santander y Norte de Santander. En el departamento de Santander, los campesinos bloquean a la altura de Girón uno de los accesos a Bucaramanga, la capital regional, y uno de los centros económicos del país”.

Unificar las luchas en una huelga general y unir a la izquierda con un programa revolucionario

El gobierno Santos ha tratado de negar la existencia del Paro, con declaraciones que han despertado la ira popular y social. Siendo un país productor de petróleo los colombianos pagan la gasolina, el diesel y el transporte por tonelada más caro de América Latina, sin olvidar el transporte de pasajeros. Se tienen más altos precios y número de peajes que cualquier otro país del continente: un calvario para los campesinos y los pobres de la nación. La lucha política, el cuestionamiento masivo al Estado y a las consecuencias de su modelo económico neoliberal, apenas comienza. Vendrán luchas que comprometan a sectores sociales más amplios; ahí se verá la fuerza telúrica del campesinado y el movimiento obrero colombiano.

Durante los últimos años el movimiento obrero y campesino en Colombia ha protagonizado la mayor oleada de huelgas de los últimos 25 años. Corteros de caña, el Cerrejón (una de las mayores minas de carbón a cielo abierto del mundo), ECOPETROL, la explosión social de Puerto Gaitán, la huelga de Drumond, la lucha de los trabajadores y usuarios de la Salud y el magisterio, la histórica lucha estudiantil de 2012 que paralizó las universidades varios meses, despertó la solidaridad de la población y obligó al gobierno Santos a retirar temporalmente su contrarreforma universitaria, la movilización de los mineros, los camioneros y los campesinos del Catatumbo.

Sólo falta unificar todas estas luchas en un paro nacional contundente y unificado capaz de llegar hasta las últimas consecuencias y que los sindicatos y partidos y organizaciones de la izquierda planteen un frente unitario de la izquierda que unifique todas las reivindicaciones obreras y populares a la lucha por la paz y el fin del conflicto armado y ambas a la necesidad de una transformación de la sociedad colombiana que sustituya el poder corrupto y reaccionario de la oligarquía por la planificación democrática de la economía en función de satisfacer las necesidades sociales.

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